
CURIOSIDADES COVIDIANAS
Claudia Pontón - Liliana Acosta
Docentes de Preescolar - JT
Todo transcurría con aparente “normalidad”, todas las personas dentro de sus respectivas cotidianidades, el correr de la vida citadina era palpable en todos sus espacios: la señora que pasa corriendo con sus hijos para el colegio, el padre de familia afanado porque va tarde para su trabajo, el joven acelerado en su moto para llegar a su destino, los niños en la calle haciendo mandados o en los parques infantiles pero…, de un día para otro, el gobierno comienza a emitir decretos y más decretos que cambian en gran medida todo el ritmo de vida y de todos. Señalando la llegada al país de un temido virus que nunca antes había estado en Colombia y hacía que se decretaran “estados de emergencia”.
Se empezó a entrever la posible decisión de no ir a los colegios, ni a las empresas, de ser posible adelantar el trabajo “desde casa”, y es ahí como todo el panorama empezó a cambiar en todos los espacios sociales. Y la educación no quedó exenta de ello; los docentes, estudiantes y los padres de familia, llenos de inquietudes que no dieron tiempo a respuestas, sino a cambiar de manera inmediata en su actuar diario.
Al inicio se pensaba que iba a ser una situación pasajera, pero… comenzaron a pasar los días, las semanas, los meses, ya completamos seis. Se nos movió la “zona de confort”, los docentes acostumbrados al contacto personal con los estudiantes, al saludo con sus padres de familia, al debate pedagógico con sus compañeros y ¿por qué no? al cotorreo ocasional en los pasillos para ponerse al día de los últimos acontecimientos de la vida escolar y en particular de algún estudiante que le ha hecho invertir platica en varias visitas a la peluquería para el cambio de look u ocultar las canas. Comienzan a florecer una serie de “estrategias”, llamadas de diferentes formas pero cuyo objetivo final era garantizar el contacto con los estudiantes. Toman protagonismo una serie de retos, que de ser vistos así, como retos, se visualizan una serie de oportunidades para… es así como aquel profesor apático a la tecnología; ya que su historia de vida fue otra, donde era más importante el dialogo tú a tú, donde el olor del lápiz y del tablero al escribir era mágico; pasó a un mundo “visto” y “exequible” a través de varias pantallas.
Los maestros, ahora con mayor énfasis, recobraron su papel fundamental como “educadores de educadores” para en tiempo record, ofrecer herramientas de trabajo para que sus compañeros pusieran en práctica en su “nueva cotidianidad” y surgen o, dicho de otra forma, “pasan al tablero” , una serie de plataformas como: Zoom, Duo, Meet, Skype, Jitsy, Hangouts, que ni se sabía que existían y si de pronto se habían escuchado no se les había puesto atención, salvo por aquellos conocedores y amantes de las video comunicaciones. Cuando ya se cree saber “manejar” una de ellas para trabajar con sus grupos y con las familias de ellos, y se cree estar listo a levantar la bandera como símbolo de triunfo, aparecen nuevas indicaciones, desde las directivas de los colegios comienzan a ensayar con otra y así sucesivamente, hasta llegar a Teams.
En este punto lo único cierto es lo incierto.
Ahí llega otro revolcón, las familias, estudiantes y docentes que ya se habían acomodado a sus respectivas formas de comunicación deben emigrar de ellas para llegar a esta robusta plataforma. Los maestros que hasta ahora estaban iniciando en su conocimiento, de manera simultánea deben convertirse en asesores tecnológicos de sus estudiantes, pero además y al mismo tiempo: psicólogos de pareja, terapistas familiares, trabajadores sociales, y varias facetas más. En medio de estos cambios algo hermoso surge; es el sentimiento de “humildad” de todas las personas inmersas en ésta realidad. Profesores aprendiendo de sus pupilos, padres de familia reconociendo la ayuda del docente, estudiantes pidiendo asesoría de sus acudientes. Se exalta el sentido del “compartir”: el celular, el wifi, la guía, la foto enviada al WhatsApp, los mensajes entre compañeros, hasta plata y mercados, y que decir de las recargas al celular.
Se comienzan a hacer “altos” en este nuevo caminar. La “evaluación” tantas veces mencionada en el campus educativo, se hace cada vez más aterrizada a las realidades de los estudiantes y docentes. “La distancia acercó más”, sí, en éste momento se conocen más particularidades de cada niño que va al colegio, lo que pasa al interior de sus hogares, en ocasiones los temas catedráticos pasan a un segundo o tercer plano, o pierden su lugar para llegar a: un saludo, a un ¿cómo estás?, a un ¿estás ahí?... los chiquis hay que esperar varios minutos mientras “actualizan cartilla” con sus compañeritos, averiguan qué desayunaron, cómo se llama su mascota y si no está cerca, correr a traerla para mostrarla por la pantalla, y el docente y padres de familia esperando… y esperando… pero igual necesitan expresar y hablar todo aquello que callan sus corazones. El dulce reencuentro, con la excusa de lo pedagógico se transforma en un espacio mágico y alucinante, sus caras de emoción y asombro nos lleva a pensar como maestros que lo estamos haciendo bien y que lo que era importante en un momento dado pasó a segundo plano. Ahora pensamos más en el SER que, en el HACER por el SER, pensamos en el SER para “ser Feliz”. Increíblemente nos atacó la Transformación Covidiana, esa que nos hizo recordar el valor real de la vida, de vivir en el mundo con muchos objetivos, con un objetivo diferente a trabajar para tener lo material, esa Transformación que nos hizo recordar el valor del abrazo, de la cercanía, añorar los momentos para compartir con la familia, con un grupo de amigos así fuera en un espacio pequeño. Nos recordó el significado de lo “insignificante”.
El pandémico 2020, vigilante de nuestras equivocaciones, también, ha hecho que los maestros hayan abierto las puertas de sus casas a los estudiantes. Con lupa en mano y atentos a esos “temidos botoncitos de prender y apagar cámaras y micrófonos”, que en ocasiones se nos olvidan y dejándonos expuestos o hablando solos, haciéndonos diestros en el lenguaje de señas. Todo el mundo se entera que va a cocinar ese día, sí arregló o no su casa, en fin… pero también el docente se entera que: la mascota no la sacaron e hizo sus “gracias” en la sala, que el niño escondió las verduras, sabe sobre los negocios que está organizando la familia, se hace real el tan mencionado “intercambio de saberes”, por otra parte se observan el pasar de colores, cual arco iris, en los rostros de los padres de familia cuando le dice al niño “ponga atención, ¿ve?.. ¡por no poner atención, no aprende!, “es que le digo y no hace caso”, le voy a decir a la “profe”... podemos comprobar lo que el niño esta desayunando o que está en pijama o está llorando o se está durmiendo”.
Hemos aprendido tanto, que ahora, la casa es el “aula mágica” donde hay de todo y todo sirve para algo. En esta metodología de “Aprende en Casa” se integran los elementos del hogar: cucharas, juguetes, ropa, paredes, mascota, vajilla, y todo lo que se pueda como excusa para aprender, de igual forma las familias utilizan y reutilizan elementos de su entorno, las cosas adquieren multiplicidad de usos: la tabla se transforma en” tablero,” las manualidades hechas para tareas anteriores se guardan y reutilizan sino total, sí en parte para nuevos trabajos, la caja de cartón sirve como material didáctico, los frascos del mercado sirven como depósitos de colores y lápices, el gancho de ropa como soporte para el celular y poder grabar, así sacamos a flote la creatividad y de paso cuidamos el medio ambiente.
La relación con entorno natural también se repensó, la tierra respiró descansó, se recuperó y agradeció. La “guía de trabajo” no hay que imprimirla, solo dibujarla, los videos hay que descargarlos, para economizar datos, no siempre se envían fotos individuales por cada actividad, en ocasiones se envían collages de evidencias del estudiante; en muchas oportunidades se ponen a prueba habilidades artísticas e histriónicas de toda la familia, se hace trabajo en equipo, los lazos se estrechan, se ayudan unos con otros. Sonríen, lloran, se angustia, disfrutan juntos. El triunfo o el fracaso no son solo del estudiante, es de todos.
Ésta, señores ha sido solo una parte de la maravillosa transformación Covidiana que nos deja como seres humanos, un sinfín de reflexiones, una serie de vivencias para aprender, pero… sobre todo para no olvidar que como seres humanos necesitamos unos de otros, necesitamos de la tierra, del aire y ellos a nosotros. Aprendimos que somos capaces de transformarnos solo si pensamos en el otro y para el otro. Ha sido mucho el dolor en pérdidas de vida de seres muy valiosos, pero una contribución inmensa para que el SER HUMANO desarrolle todas sus potencialidades, saque a flote todo lo bueno y haga florecer lo esencial.