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EL MIEDO Y LA NOSTALGIA AHORA SON FORTALEZA Y TEMPLANZA. 

NO CAIGAMOS, TENEMOS QUE SEGUIR

 

Valeria Machado

Estudiante del grado 905

 

Si me hubieran dicho que aquél 14 de marzo, día en que me reuní con mi familia y amigos en común en mi casa a conversar y pasar un rato agradable, sería el último día que gozaría de la ahora llamada “antigua normalidad”, no lo hubiese creído. Tampoco que las primeras dos semanas de confinamiento serían solo el inicio de un largo y duro proceso.

 

Al principio, desde de mi privilegio, tomé al confinamiento como un “descanso”, el tiempo perdido de mi casa al colegio del colegio a mi casa, me daría tiempo para los libros y las películas a los que nunca me pude dedicar. Sin embargo, los días transcurrían y los horarios entre el colegio y el ayudar a mi abuelo en el trabajo se entremezclaban, no diferenciaba ya los días, para mí era siempre lunes o domingo, perdía la noción del tiempo muchas veces no sabía ni cuando pasaba la basura y la sacaba días que no eran. Las personas cercanas a mí se quedaban sin trabajo, algunas comenzaron a enfermarse y otras comenzaron a quedarse sin comer entre estas personas mi familia y yo; mi mama quedó sin trabajo, no teníamos como sostenernos, fueron y han sido tiempos difíciles, se tomó la decisión que durante esta cuarentena irnos con mi hermana donde mi papá, mientras mi mama se las ideaba para conseguir dinero y lograr por lo menos pagar los servicios de nuestro hogar.

 

Para colmo, los vendedores y no solo ellos, el gobierno en sí aprovecho esta situación y subieron los precios de impuestos y alimentos, pero para subir el sueldo si es un problema, se suponía que serían unos días en casa de mi papá, pero cuando menos lo esperamos esto se convirtió en meses y meses de cuarentena. La esperanza con la que disimuladamente esperaba el mensaje presidencial a media tarde se volvió en ira, indignación y miedo en el pueblo. La gente de mi país se estaba muriendo.

 

Una noche, a quince días de que terminé la cuarentena o eso habían dicho, escuché una tos anormal en mi padre. No era la tos gastada y adquirida con el paso de los años. Era una tos seca, casi ahogada, seguida de un mareo preocupante. Desde ese episodio solo siguieron días de insomnio en mi casa, estaba muy preocupada desde ese momento empecé a comprender de verdad el pánico que sentían algunas familias al tener a alguien enfermo y más con este nuevo virus que cambio el mundo, escuchar a mi padre tan mal sus quejidos desde su cuarto hasta el lugar donde ahora estoy escribiendo era horrible, sentía que iba a perderlo, le hicieron la prueba dijeron que le darían los resultados quince días después. Al pasar esos días fue mejorando, llegó el día que le entregaron la prueba salió positivo covid, pero en el transcurso de esos días se mejoró y resultó solo ser una gripa más, esos pocos días los sentí eternos pero al final todo resulto bien.

 

Este proceso, porque es así como lo veo ahora, me ha dado fuerza. El miedo y la nostalgia ahora es fortaleza y templanza para mí y para el pueblo. No caigamos, tenemos que seguir fuertes y continuar.

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